¡Última hora! Algo no va bien con nuestra forma de pensar!

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¡Última hora! Algo no va bien con nuestra forma de pensar!

Pensar, reflexionar, razonar…. bonitos verbos que utilizamos para referirnos a aquello que creemos hacer los autoproclamados seres racionales, cuando nos rondan ideas aleatorias por la mente y que orgullosamente creemos poseer frente al vano instinto animal.

El ser humano es racional si, en su potencial, ¿pero es nuestra manera de pensar lo suficientemente efectiva? Quizá el pensamiento habitual esté reñido con un pensamiento eficaz. ¿Solo quizá?

Muchos son los errores que cometemos al realizar distintos tipos de pensamiento: cuando la impulsividad nos dirige vertiginosamente a tomar decisiones que salen caras; cuando al razonar una opinión nuestro discurso desborda argumentos falaces; en situaciones donde la rigidez nos incapacita para resolver el más fácil de los problemas; cuando nuestra creatividad se ve reducida a la reproducción sistemática de lo ya existente; cuando la piedra con la que tropezamos se desmaterializa de tanto golpe; cuando no somos capaces de comprender el mensaje del otro o cuando la respuesta que emitimos no guarda en realidad ninguna relación con la pregunta del emisor. 

Desafortunadamente, estos errores frecuentes afectan seriamente a la mayoría de nuestras acciones como profesionales y ciudadanos. 

¿Y si ese potencial pudiera desarrollarse? ¿Y si la piedra en vez de desmaterializarse se frustrara y se pusiera en huelga por la existencia de buenos tomadores de decisiones? ¿Y si nuestro lenguaje se convirtiera en tan preciso que realmente fuera eficaz la comunicación? ¿Y si la impulsividad fuera una aliada creativa? ¿Y si en vez de construir la verdad partiendo de discusiones egocéntricas y falaces, la solidez de las razonas y las evidencias no dieran cabida al error?

Apostando por una verdadera pedagogía del pensamiento en la escuela

La educación y la evaluación por competencias será sin duda el siguiente hito de la educación. En los últimos años, en algunos centros educativos de comunidades como el País Vasco, está gestándose esta silenciosa revolución gracias al plan Heziberri 2020 del Departamento de Educación del Gobierno Vasco. Dicho plan, modela, dirige y guía la remodelación del sistema de evaluación y en consecuencia activa la reflexión sobre el objetivo de la innovación pedagógica. Una de las competencias transversales que reconoce el plan Heziberri es la denominada “competencia para aprender a aprender y a pensar”.  Pero… ¿estamos los y las docentes realmente preparados/as para enfrentarnos a lo que requiere enseñar a pensar?

Muchos creemos que es posible educar el pensamiento desde muy temprana edad con el fin de que nuestra sociedad pueda beneficiarse de ciudadanos capaces de afrontar sus retos actuales y futuro de forma más crítica y creativa.

Ya son varios los centros educativos que han apostado por incluir en su currículo habitual contenidos y herramientas relacionadas con el desarrollo de la llamada “pedagogía del pensamiento”, para responder a la necesidad de plantear herramientas pedagógicas eficaces que posibiliten al alumnado el desarrollo de la competencia para aprender a aprender y a pensar.

Dicha pedagogía de pensamiento, tiene como objetivo establecer, tipificar y normalizar ciertos hábitos que impulsen y comprometan tanto al alumnado como a los/as docentes a pensar de manera eficaz. 

Muchas experiencias profesionales avalan el impacto de la inmersión de la enseñanza directa de habilidades y disposiciones  del pensamiento en el currículo. Desde mi propia experiencia puedo asegurar que los resultados son realmente impresionantes. El alumnado desarrolla un potencial para:

  • generar una gran variedad de ideas creativas
  • analizar con precisión cualquier tema de interés
  • valorar y evaluar cualquier acontecimiento desde una perspectiva crítica
  • tomar de decisiones 
  • resolver problemas de toda índole 
  • plantear sus propias preguntas que abren el camino para investigar y construir su propio aprendizaje. 

Pero comprometernos con la sistematización de lo que supone crear una cultura escolar de pensamiento, requiere la puesta en marcha de varias estrategias pedagógicas y la inmersión de estas en todas las situaciones educativas. 

La primera estrategia general a la que recurrir como docente si queremos que el alumnado comience a tomar conciencia sobre su pensamiento para llegar así a una optimización del mismo, es sistematizar el cuestionamiento, la indagación, la puesta en práctica de diversos procesos de pensamiento para pensar sobre lo que se aprende y la motivación de la metacognición en cualquier situación de aprendizaje. 

Pensar, es una habilidad como cualquier otra, y por tanto, para que se ejecute con destreza, necesita entrenamiento y práctica sistemática.

 El compromiso con la pedagogía del pensamiento es tarea de todos y  conlleva al equipo docente y directivo de cada centro a plantearse preguntas como: ¿qué es lo que realmente queremos, y vale la pena, que aprendan nuestros alumnos y alumnas?, ¿qué estrategias y herramientas podemos utilizar para ello?, ¿cuál es la formación que debe adquirir el profesorado?, ¿qué lugar debe tener en la programación de cada asignatura?, ¿cómo hacer que las mencionadas herramientas y estrategias sean transversales?

Una vez tengamos claro a dónde queremos ir y cómo debemos llegar, hemos de  planificar muy bien el camino a seguir. Nos hace falta una buena formación del profesorado, cambiar nuestra forma de concebir y poner en práctica los procesos de enseñanza-aprendizaje  y sobre todo la voluntad y el interés de hacerlo. Así que… ¡hagámoslo! quién sabe…quizá entre todos, podamos cambiar el mundo!

Miren Munitis

Diplomada en Educación Infantil y licenciada en Psicopedagogía. Profesora, coordinadora, formadora y directora pedagógica en el País Vasco. Diseñadora de programas educativos basados en la innovación metodológica y didáctica. Formación en sistemas de evaluación competenciales, Inteligencias Múltiples, Técnicas de Aprendizaje, Gamificación y Filosofía para Niños. Profesora y Coach TBL.

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